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lunes, 17 de agosto de 2009


Grandes obras: Ulises, de James Joyce
Obra monumental, parábola de nuestro tiempo, enigma literario, el Ulises de James Joyce es una de las más grandes obras de la historia de la literatura, y sin dudas la más importante del siglo XX (al menos, en inglés; porque existió un tal Borges). Se trata de una obra repleta de simbolismo, invenciones idiomáticas del propio Joyce (que llega a utilizar vocablos de más de 60 idiomas), críticas solapadas (y no tanto) a la Iglesia, al Estado y a la sociedad, y párrafos brillantes que, a simple vista, carecen por completo de sentido. De esto y más se trata el Ulises, que ha tenido entretenidos a los críticos por más de medio siglo, intentando descifrar uno a uno los enigmas o “puzzles” que el libro contiene, enigmas que, a entender de muchos estudiosos, sólo pueden hallar respuesta en el mundo subjetivo del lector, si es que esto es posible. El mismo Joyce dijo:“He puesto tantos enigmas y puzzles que van a mantener ocupados a los catedráticos durante siglos, debatiendo sobre lo que yo quería decir, y esta es la única manera de asegurarme la inmortalidad”.No cabe menos que decir que lo logró, a pesar de algunas críticas que lo acusaron (y continúan acusando) de crear un libro extremadamente difícil, de una lectura intrincada, complicada y que sólo puede ser entendida (al menos en parte) por una afición semi especialista de lectores; es decir, el lector común puede entrar al Ulises, “pero tal vez nunca encuentre la salida, teniendo que salir por donde entró”.Joyce realiza, en esta novela, una serie de experimentos linguísticos y literarios, fundando un estilo completamente original en la literatura mundial, y dando rienda suelta a una creatividad que no conoció límites, y tal vez por eso excedió los límites ajenos. Una obra que escapa al entendimiento de muchísimos estudiosos, y tal vez, como se ha postulado, también del de Joyce.La magnitud de la originalidad que Joyce tuvo en esta novela es, digámoslo, casi infinita: se trata de una obra, de un autor, que lleva al máximo las posibilidades del lenguaje, e incluso más allá. El “monólogo interior” constituyó una estructura y un estilo literario que fue, al menos, fundacional: se trata de una narración de los pensamientos internos del personaje, sin utilizar signos de puntuación (imitando el “fluir del pensamiento), y sin seguir ninguna línea de coherencia o hilación. La asociación libre, tan propia de los pensamientos, ha sido plasmada en una novela, y Joyce lo logró.La estructura de la novela ha sido llamada “estructura homérica”, porque traza un paralelismo (o “sistema de paralelismos”) con la Odisea de Homero, que funciona en diversos niveles: tanto en el lingüístico, como en el retórico, el simbólico y el interpretativo.No puede entenderse al Ulises de otro modo que no sea desde el pensamiento y los actos interiores de los protagonistas (que a la vez, se ha postulado con suficiente certeza que se trata de sus álter egos –Bloom, en su vejez, y Dedalus en su juventud). Este ha sido otro nuevo acierto de Joyce, dando una nueva vuelta de tuerca a la literatura moderna, que, en mayor o menor medida, tenían cierto grado de objetivismo, tanto en su argumento como en su interpretación.Joyce fue un autor de una originalidad única, una creatividad incomparable y un talento especial, de esos que no se ven seguido. Jorge Luis Borges escribió sobre él: "Es indiscutible que Joyce es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo. Verbalmente, es quizá el primero. En el Ulises hay sentencias, hay párrafos, que no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare o de Sir Thomas Browne". Como dice la edición en español de Santiago Rueda: “Ha pasado casi un siglo de estudios que profetizaba Joyce, y la cantidad de ensayos sobre su obra es ya tan extensa, que prácticamente cada día se añade alguna interpretación o algún dato nuevo. De Joyce, y sobre Joyce, se ha dicho todo, y al mismo tiempo está todo por decir”.

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